lunes, 10 de junio de 2013

República Checa

Hola de nuevo!!!!!
Cómo os he echado de menos!!!!!!!!!!!!!

He estado absolutamente desconectado del mundo durante muchos días, y por una causa maravillosa: he estado viajando.
No ha sido un viaje cualquiera, no. No se trataba de ir a cualquier sitio, no. No era una experiencia sin importancia, no. he ido a conocer (de su mano), el país de mi chico, LA REPÚBLICA CHECA.

Visitar Praga estaba en mi lista de cosas pendientes, (ponerme botox, extensiones, inyectarme colágeno, que me cambie el metabolismo, poder comer todos los pastelitos del mundo, ver un unicornio, tocarle las tetas a Mariah Carey, quitarle el almuerzo a Christina Aguilera, bailar con J. Lo, pegarle fuego a toda la ropa gótica a Mónica Naranjo,... son otras de las cosas que aún no he hecho). Pero como para la geografía soy más inútil que algunos políticos que andan sueltos por España, no sabía que esta bellísima ciudad, se encontraba en la República Checa. He de aclarar que mi relación con los mapas es bastante difícil. Ellos hablan un idioma que yo no entiendo, estamos en momentos diferentes. (qué si! qué soy un poco cateto!).

Admito que ante la proximidad del viaje estaba nervioso, alterado, y asumiendo que no podría ir al baño hasta regresar a Valencia, un problema que sufro cada vez que viajo. Pero recorrer un país guiado por alguien que lo conoce tan sumamente bien, es una experiencia absolutamente tranquilizadora y balsámica.

Salimos de Valencia capital en coche rumbo hacia Barcelona (una ciudad de la que soy muy "fans"), tomamos un avión con dirección a Praga y al llegar a su aeropuerto me convertí en la niña del exorcista (y no porque decidiera visitar la ciudad en camisón blanco roto y vomitando, no), mi cabeza daba vueltas ante la rotunda belleza de la gente de allí. Yo que siento debilidad por la piel clarita y el pelo pelirrojo o rubio, estaba como un niño en una tienda de juguetes (caros).

A cada paso que das te encuentras un chulangano que te hace meter barriga y morderte las mejillas. Por cierto, una cosa debo compartir con ustedes vosotros (y que me llena de orgullo y satisfacción), yo, con mis cejas negras, mis ojos marrones, mi pelete rizado y mi barba, resultaba exótico. Notaba unas miradas absolutamente directas y lujuriosas que me hacían sentirme más seguro de mi mismo que si saliese por la puerta de la Clínica Fontana.



Recuperando la compostura, hoy quiero confesar que los paisajes que he visto son tan bonitos que no puedes evitar sentir que has viajado al mundo de los cuentos de hadas (y ya sabéis lo que me gusta a mi una varita mágica, y no seáis marranas que solo hablo de magia, una purpurina y un castillo encantado). Los bosques, esos lugares que jamás se me ocurre visitar porque no hay escaleras mecánicas ni escaparates, ni mercawoman, ni nada de primera necesidad, han sido la gran revelación de este viaje. Nunca en mi vida me había sentido más insignificante, vivo y cómodo al mismo tiempo. Como sería de fuerte la sensación que hasta me descalcé y caminé sin zapatillas un buen rato por el campo. (espero no haber aplastado a ningún pitufo, y mucho menos a Pitufina, que era la única que ovulaba en ese pueblecito de enanos azules)



Me picó una ortiga, pero no me importó demasiado, era tan genial andar por allí sin zapatos que compensaba el terrible dolor y sufrimiento que me generaba lahijadelagranputa de la plantita de loscojones.

Y algo que no había hecho en mi vida y que he descubierto que es una experiencia absolutamente recomendable (y no hablo de un alisado japonés), es hacer de leñador. Hay testimonio gráfico, para las que no me crean.



Y es que los primeros días de nuestro viaje los pasamos en una de las regiones más hermosas de la República Checa, Jihlava. (de donde son los paisajes que aparecen en las fotos)
Tras varios maravillosos días allí alojados en una pensión en la que conseguimos sentirnos como en casa, subimos a un tren con dirección Praga. (jamás se os ocurra entrar a las lavabos de las estaciones, lo mínimo que os pasará es que vomitaréis varias veces seguidas).



En el vagón del tren conocimos a dos chicas absolutamente encantadoras y amables, Stephanie y Lila, un matrimonio americano-argentino que consiguió transformar un viaje en tren de casi dos horas en un paseo divertido y relajado, comiendo bombones, pomelo, pasteles, ... (no he parado de comer, pero era necesario para vivir la experiencia totalmente, o eso me repito yo todo el rato). Un saludo a las dos desde aquí y espero volver a veros muy pronto. Ahora tenemos un viaje pendiente a West Hollywood.

Tras llegar a la estación de metro de Praga, paseamos un ratito hasta el la zona en la que teníamos que tomar un bus para llegar a nuestro siguiente punto, la casa de mi "cuñao", el hermano de mi chico. Había tres niños (dos niñas y un niño), y sobreviví. Los que me conocen íntimamente saben que no me siento muy cómodo con los niños. Pero como no te vas a sentir cómodo si nada más llegar la pequeña de la casa te ofrece una cucharada del postre que está merendando (y hay que decir que es como Claudia Schiffer con tres añitos), se puede ser más mona? Lo más divertido de todo es que con ellos hablaba en inglés, mi nivel de inglés hablado es medio, y los chiquillos parecía que habían nacido bajo el brazo derecho de la Reina de Inglaterra. Como sería que hasta intentaban ayudarme a hablar y me corregían (los poquísimos errores que cometo al hablar un inglés absolutamente fluido. Esto es por si lo lee alguien que tenga mi currículum en la mano, que el blog aparece y no se puede bajar la guardia).

Lo que viene siendo la ciudad, a pesar de la lluvia y el frío, porque fresquete hacía un rato, me dejó absolutamente impresionado. Preciosa preciosa preciosa!!!



El castillo de Praga, es más o menos y salvando alguna insignificante diferencia, el tipo de casita en el que me gustaría vivir cuando sea (más) mayor. Cuatro casitas de nada, una catedralita mona, un jardincito por allí, una escalinata por allá,... nada del otro mundo. Clase media, resumiendo. (nenas, es como para caerse mueeeeeeeerta!!!!! Aquello es más bonito que un disco de canciones navideñas de Mariah Carey remezclado por Pit Bull y con arreglos musicales de Diego el Cigala)

Me gustó tanto todo lo que visitamos, que ni tan siquiera me importó llevar los pies mojados. (apenas me quejé... Ahora es cuando me cae un rayo y me parte por la mitad). 
Aparte de visitar el castillo, callejeamos un montón, nos bebimos un té de jengibre fresco, callejeamos más, visitamos una iglesia por el centro creo que barroca, al Niño Jesús de Praga, otra poquita de callejeo, un comer, un beber (amigas, que buena está la cerveza!!!!),...






Y muchas más fotos que no voy a poner por no saber en cual acabar.

En resumen, Praga me encantó.

Tras el finde en Praga, partimos hacía Brno. Allí visitaríamos a Lenka, una amiga de mi chico que nos permitió quedarnos en su piso e incluso nos cedió su cama para que estuviésemos más cómodos. Al ser yo primerizo en costumbres checas, me ofreció un par de licores típicos que me sentaron más que bien y deben haber acabado con cualquier lombriz que andase viviendo por mis intestinos... Todo el mundo debería tener una Lenka de amiga, que mujer tan especial y tan agradable. I LUV U!!!!!!!!!!!!!

Brno me gustó mucho, también. Otro rollo completamente distinto al de Praga y con una gente mucho más agradable y próxima, más relajada. Perfecta para callejear, con locales sorprendentemente cool y de nuevo con unos chulazos para ir a base de tila todo el rato.


A parte de disfrutar de las vistas, en todos los sentidos, he de deciros que la gastronomía checa es fabulosa, suculenta y algo "gaseosa" (menos mal que mi chico ya me conoce). La cerveza es como para estar bebiendo todo el rato y acabar como Judy Garland. Los pastelitos ya no pueden estar más buenos, tener más azúcar y albergar en su interior más calorías (he engordado dos kilos).


Pero estaban tan buenos! Quién puede resistirse? Yo no pude. (Jane Fonda acaba de descontarse en su sesión diaria de abdominales)

Estuvimos en un balneario en Austria (y mi suegra me vió en "pelotis"), en una capilla de una iglesia perdida le hicimos un homenaje a Sara Montiel y mi chico y yo cantamos MANIQUÍ PARISIEN, compramos supositorios que me salvaron la vida, fuimos en metro, en bus, en trolebús, a pata, en camioneta, ... Vivimos, estuvimos, sentimos, reímos, lloré de emoción escuchando a un músico, comí y volví a comer, y luego otra vez, y después un poco más,...

Me lo he pasado muy bien, he disfrutado y he aprendido, que es lo importante.

Gracias cariño por esta experiencia (subidón de azúcar).
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