lunes, 21 de octubre de 2013

Cuando Dior molaba

Hola! Hola!
Ayer por la tarde, paseando con mis amigos Mariana y Joan, sucedió. Me encontré con mi ex al que no había visto desde la ruptura. No cruzamos ni tan siquiera una mirada. Fue raro. Fue frío y fue triste, sobre todo triste. Pero las cosas son así.
La vida es exótica y el guionista que decide los giros en el argumento me tenía preparada una sorpresa. Acabé con Joan viendo la película BURLESQUE.

De tener un "encuentro" incómodo, por decirlo de alguna forma (que por suerte no viví solo, estaba muy bien acompañado y respaldado), a acabar disfrutando de una de las pelis más maricas que recuerdo y os puedo asegurar, movido por puro afán científico, que he visto muchas pelis maricas.
Chica cateta pero con talento que consigue ser una estrella, a base de descaro y cabezonería. Igual de cateta pero con ropitas caras y teniendo de amiga-jefa a Cher (que se interpreta a ella misma con un toque de Morticia Addams).

Volviendo a casa en bicicleta, momentos de silencio en los que se me pasan muchas cosas por la cabeza, se me ocurrió el post de hoy.
Hecho de menos al Dior de Galliano.

Cuando estudié Moda y Alta Costura, hace tanto tiempo que Ana Duato aún no tenía arrugas de expresión, Dior era uno de esos referentes que siempre aparecían en boca y apuntes de los profesores. La presencia continua y mi facilidad para la mitificación hicieron el resto.

Apareció Galliano y devolvió el factor "sparkling" a la marca. Cada desfile era esperado como quien espera su turno en la depiladora para hacerse las ingles por tener una cita importante. Sabes que tras la experiencia, saldrás cambiada.



Siempre me fascinó su capacidad para llevar los materiales al límite, su concepto de espectáculo y de darle la vuelta a los diseños emblemáticos de la Casa. Alta Costura en estado puro.







Nada parecía imposible al disfrutar de sus desfiles. Exhibiciones magistrales de hasta donde se puede llegar con la aguja y el hilo. Era el "quién da más" de la moda (como los estilismos de las tronistas de MUJERES Y HOMBRES Y VICEVERSA).

Pero ahora ya no pasa lo mismo. Con Raf Simons todo huele a "hay que recortar gastos". Ya no hay magia, ya no hay hechizo, ni sorpresa ni desafío. Todo es predecible y soso, medias tintas. Y en la moda las medias tintas son un verdadero coñazo.







Dudo que esto lo lean los señores que manejan Dior en la actualidad, pero como enamorado de la moda, de los tejidos y de la costura (más que el cirujano de Naty "soy muy humana" Abascal), necesitaba expresar esto.

Ya veis, una película sobre una chica cateta y el concepto del espectáculo del "travestón" de su jefa-amiga te hace acabar echando de menos a Galliano (y te ayuda a superar uno de esos momentos en los que parece que el corazón se te va a parara por exceso de trabajo, como el cerebro de una Miss cuando le preguntan cuánto son dos más dos).

Un beso y feliz lunes!




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